Los que me conocen, saben que soy muy, pero que muy culé. Cuando en el año 1973, por entonces trabajaba yo en El Corte Inglés, se anunció el fichaje de Johan Cruyff por el Barcelona, me llevé una grandísima alegría. ¡Por fin venía a mi equipo el mejor jugador del mundo! No era para menos. Su vitola de jugador malabarista y efectista, ilusionaba a todos los seguidores del equipo. No voy a hacer un recorrido de su historia futbolística, me quedaría corto. Hoy, en mi pequeño homenaje a su memoria, quiero aprovechar algunas de sus frases más populares para llevarlas al mundo de la empresa. Te dejo estas diez perlas, con mis modestos comentarios:

 

La distancia máxima que debe correr un jugador son diez metros. Todos sabemos que hay cantidad de directivos que no saben parar. Trabajo y más trabajo. Nunca terminan. Aún no han caído en la cuenta que hay que empezar a eliminar de la agenda todo aquello que no sirve para nada. Son jugadores que corren cuarenta metros, pero inútiles. Siempre pierden el balón. Y lo que es peor, arrastran a todos los que trabajan con ellos. Son gente que no sabe priorizar. Se enredan con las nimiedades porque les da miedo meterle el diente a lo complicado, a lo difícil, a lo que saca de la rutina.

El fútbol consiste en dos cosas: Primera, cuando tienes la pelota, debes ser capaz de pasarla correctamente. Segunda, cuando te pasan la pelota, debes tener la capacidad de controlarla. ¡Que grandísima verdad! Delegar, delegar… este es el problema de aquellos que no tienen confianza en los colaboradores de su equipo. ¿Y entonces para que los tiene? También es el problema de los que se creen indispensables, únicos, autosuficientes… Una de las cualidades esenciales de un líder es la delegación. Si esta falla ¿Para qué está?

Pero ¿y si el líder delega en ti y no sabes corresponder a esa confianza? También fallas… Cuando alguien confía en ti traspasándote la responsabilidad de un tema importante, no puedes defraudar. Has de tener la capacidad de controlar la situación, de lo contrario no pidas explicaciones… y atente a las consecuencias.

En el parking se aprende mucho. Si juegas en hierba te caes y no pasa nada. En el parking te caes al cemento, te haces daño, te duele e incluso sangras. Así que tienes que espabilarte. En el despacho de moqueta mullida, mesa de madera noble, secretaria para todo… es difícil conocer lo que pasa en la organización. Eso es lo que Johan denomina trabajar en la hierba. Pero para gestionar bien una organización hay que pisar el parking, es decir: hay que coger la maleta y visitar a los clientes; hay que ir a la fábrica y hablar con los operarios; hay que recorrer los pasillos de la oficina y hablar con la gente…. De lo contrario, corres el riesgo de convertirte en un líder de “moqueta” y estarás siempre jugando en la hierba, pero nunca en el parking. Hay que remangarse, y caerse si es necesario.

Jugar al fútbol es muy fácil, pero jugar fútbol de forma sencilla es de lo más difícil que hay. Dirigir es relativamente fácil. Liderar es otra cosa. Si, en nuestro día a día, no somos capaces de hacer que las cosas sean sencillas, estaremos complicando la vida a los demás de forma innecesaria. Seremos los verdaderos culpables de la baja productividad. Si puedo desarrollar un proceso en solo tres pasos, ¿por qué lo hago en diez? La verdadera innovación consiste en hacer lo mismo, pero de forma más simple, eficaz, rentable, diferente. No te compliques la vida. La realidad es más es manejable de lo que imaginas…

Un equipo es horrible si no es capaz de dar tres pases seguidos. A veces los equipos de trabajo somos incapaces de avanzar de forma eficaz. Reuniones interminables, que diluyen la responsabilidad, generan conflictos, ralentizan la marcha del negocio y crean burócratas… Si no es imposible dar tres pasos seguidos, eliminemos el equipo. No se pueden perder horas y horas en algo que no nos conduce a nada. Objetivos claros, mentalidad ganadora, simplicidad y deseos de dar tres pasos seguidos… Aquí está el secreto.

Me da igual lo que hiciera Romario, metía 30 goles. Desde que empecé a trabajar en el mundo de la empresa, me di cuenta rápidamente, que solo los muy buenos son capaces de cambiar algo. Conocí a un manager que rompió la cultura del “presentismo” en su empresa, navegando a contracorriente, pero todo el mundo lo admitió porque era excepcionalmente bueno en su trabajo. Tenía gran personalidad y excedía siempre los objetivos que le habían marcado. Esta es la única forma de dejar libertad a los que con su ejemplo arrastran a los demás. Si eres capaz de meter 30 goles, ¡adelante!

Los contratos no me sirven; si un jugador no me gusta, lo vendo. Si en mi equipo tengo gente que ha perdido mi confianza, no debo esperar ni un día más para prescindir de sus servicios. Mantener a personas por compasión, es una irresponsabilidad frente a la propia persona y frente a la organización. Eso sí, antes de tomar la decisión hay que dar, al menos, tres avisos. Las personas necesitan que les digamos que se espera de ellas y como están haciendo su trabajo.

No me gusta cómo se expresa Mourinho; no es lo que dice, es como lo dice. ¿Cuantas veces nos hemos encontrado en la empresa con personas que en lugar de hablar, ladran? Las formas son esenciales cuando trabajas en equipo. Una llamada de atención bien dicha, ayuda, motiva y reta. Una llamada de atención mal dicha, enfada, te pone a la defensiva y desmotiva. No es la palabra, es el tono… lo que a veces nos saca de nuestras casillas. ¡Cuesta tan poco guardar las formas! Inténtalo, ya verás que buenos resultados obtienes.

Un talento no puede ser rechazado por estadísticas de una computadora. Entonces a mí me habrían rechazado en el Ajax. Ahora está de moda el Big Data, y en los Departamentos de Recursos Humanos se nos llena la boca con las maravillas que vamos a hacer con toda la información que podremos descubrir de nuestros empleados, y sobre todo de los que van a trabajar en el futuro con nosotros. Los datos están muy bien, pero las decisiones las tomamos con personas que tienen alma, corazón, emociones… Muchos, como le pasó a Cruyff, no hubieran llegado a ser directivos si los hubieran valorado solo con cifras.

Tú juegas al fútbol con tu cabeza, y las piernas son las que te ayudan. Es algo tan evidente que no acabo de entender como hay gente que todavía no ha caído en la cuenta. ¿Para qué tengo esa cabecita? Puedo ser un perfecto manitas haciendo mi trabajo, pero si no pongo algo más estoy cerrando las puertas a la innovación, el autodesarrollo, la colaboración… Antes de tomar una decisión hay que pensarlo dos veces…

Gracias Johan, por tu sonrisa, tu simpatía, tu sencillez, tu pedagogía, tu entereza hasta el final, para intentar ganar el último partido. Esta vez no pudo ser, pero al menos nos dejas unos maravillosos recuerdos. Hasta siempre…